Entre lo cuadriculado y lo sublime: Perspectivas sobre lo académico y visceral en la arquitectura
La arquitectura moderna, históricamente, ha fluctuado entre la búsqueda de los sistemas racionales universales que responden a lo académico y la necesidad de responder a las corrientes filosóficas sobre la estética, y por consiguiente, a las diferentes definiciones sobre lo sublime. Esta reflexión se sostiene a base de dos bases teóricas: primeramente, la propuesta de J. N. L. Durand en “Compendio de lecciones de arquitectura” que argumenta que la arquitectura es un método compositivo racional. En segundo lugar, “Drawing on the sublime: Representation of the unrealized project and the subordination of the real”, por Marcus Carter, representa una postura más moderna y plantea una comprensión territorial, relacional y no autónoma del objeto arquitectónico. “Compendio de lecciones de arquitectura” establece, además, una base clara mediante la sistematización de la composición y la economía de medios. Por su parte, “Drawing on the sublime” cuestiona la suficiencia de esos sistemas cerrados, proponiendo una arquitectura entendida como dispositivo híbrido que articula escalas, flujos y relaciones. Ambas posturas se relacionan por concebir la arquitectura como instrumento operativo, aunque difieren en su alcance y en su relación con el contexto.
Por el contrario, en “Drawing on the sublime”, Carter propone una lectura crítica de la arquitectura moderna desde la noción de objeto como territorio activo. En lugar de concebir el edificio como una entidad autónoma organizada exclusivamente por principios internos, la arquitectura se entiende como un ensamblaje que articula relaciones sociales, técnicas, económicas y espaciales. El objeto arquitectónico deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en un vehículo que media flujos, usos y transformaciones. Esta postura cuestiona la universalidad de los sistemas compositivos heredados, enfatizando procesos abiertos, hibridaciones disciplinarias y la disolución de límites entre arquitectura, infraestructura, diseño y paisaje. Esta visión de la arquitectura la vemos reflejada en “The Gothic Arch”, hecha por Giovanni Battista Piranes en 1761, que refleja en perspectiva, atmosférica y visceral.
“The Gothic Arch”, hecha por Giovanni Battista Piranes en 1761
Durand entiende la arquitectura como una disciplina gobernada por principios racionales, donde la composición se convierte en un instrumento capaz de ordenar el proyecto de manera lógica, económica y repetible. En estas lecciones, explica que la forma no surge de la imitación histórica, sino de la correcta combinación de elementos simples organizados mediante tramas, ejes y proporciones. En el “Prólogo”, J. R. Moneo fundamenta que este enfoque permite transformar la arquitectura en un conocimiento enseñable, independiente del gusto individual y basado en reglas claras. La abstracción geométrica y el dibujo sistemático operan así como herramientas cognitivas que garantizan coherencia interna y eficiencia constructiva, sentando las bases de la enseñanza moderna de la arquitectura. Esta visión de la arquitectura la vemos reflejada en las Salinas Reales de Arc-et-Senans, diseñadas por Claude-Nicolas Ledoux entre 1775 y 1779 donde se manifiesta el uso racional de geometría para erguir espacios arquitectónicos y lograr belleza a través de lo racional.
Salinas Reales de Arc-et-Senans, diseñadas por Claude-Nicolas Ledoux entre 1775 y 1779
La comparación entre ambas bases teóricas permite comprender una transición fundamental en el pensamiento arquitectónico: del proyecto como sistema cerrado (academicismo) al proyecto como campo expandido (visceral). Aunque Durand establece una base metodológica indispensable al definir la arquitectura como instrumento racional, su lógica abstracta resulta insuficiente para abordar la complejidad moderna. Carter, por su parte, no niega la necesidad de sistemas, pero los desplaza hacia una condición relacional y situada, donde el objeto arquitectónico opera dentro de redes territoriales más amplias. En este sentido, la arquitectura contemporánea puede leerse como una evolución crítica del pensamiento durandiano, que conserva la dimensión operativa del método, pero la expande hacia una comprensión más amplia del contexto, el territorio y la multiplicidad de relaciones que configuran el espacio construido. Aunque lo construible y replicable es parte de la arquitectura, esta representa más que eso, adentrándose en la emoción y lo que no se puede racionalizar.


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