Orden arquitectónico: sistemas, evolución y percepción
El orden arquitectónico no es una condición formal fija ni un simple resultado geométrico, sino un sistema de relaciones que puede ser leído, interpretado y representado de múltiples maneras. El orden en la arquitectura se manifiesta menos como una figura estable y más como una lógica subyacente que organiza partes, jerarquías y relaciones espaciales. A través del análisis del Palacio de Congresos El Cursal en San Sebastián, España, de Rafael Moneo y del Guggenheim de Bilbao de Frank Gehry, se propone que el orden puede entenderse tanto como una estructura tipológica clara y delimitada y como un proceso evolutivo abierto, orgánico y evolutivo. Los dibujos, entiéndase plantas y diagramas arquitectónicos, funcionan aquí como sistemas notacionales que no solo describen el espacio, sino que revelan distintas concepciones de orden: una basada en la contención y la jerarquía, y otra en la expansión y la transformación.
En el Cursal de Moneo, el orden arquitectónico se articula a partir de una lógica espacial reconocible y un perímetro definido. La planta presenta un triángulo envolvente que responde al sitio. El triángulo contiene y organiza todas las piezas del proyecto, estableciendo un límite preciso dentro del cual se distribuyen los espacios. Los elementos se componen de formas platónicas, y adquieren dinamismo por rotación, variación en tamaño y repetición. El teatro principal, por su escala superior, se convierte en el elemento jerárquico dominante. Junto al teatro secundario, se rota para crear una apertura hacia los espacios superiores, reconociéndonos como una desembocadura, un punto de culminación del orden espacial. El dibujo de planta permite identificar no solo qué espacios existen, sino cómo se ordenan entre sí, haciendo visible una lógica compositiva comparable a un diagrama de agregación arquitectónica o diagrama generativo. En términos conceptuales, es un árbol genealógico de formas que muestra cómo una arquitectura puede surgir por acumulación, fragmentación y repetición, en vez de por un volumen único. Moneo utiliza estas técnicas, pero también presenta unas tomas de decisiones claras en la configuración de los espacios, decisiones que guían la composición, la forma y el orden de su proyecto.
Planta del Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal en San Sebastián, España, diseñado por Rafael Moneo (1999)
Diagrama de agregación arquitectónica / diagrama generativo, que representa crecimiento no-jerárquico de elementos.
En contraste, el Guggenheim de Gehry propone una noción de orden que se aleja de la contención tipológica y se acerca a un sistema evolutivo. En su planta no existe un perímetro claro que encierra los volúmenes; por el contrario, todos parecen surgir de un mismo punto y expandirse en múltiples direcciones. Este tipo de organización puede asociarse al diagrama del árbol de la vida, sacado del texto “On the Origin of Species”, de Charles Darwin, que presenta la evolución como proceso ramificado y no-lineal. El Guggenheim presenta formas que no se derivan de un modelo cerrado, repetitivo o predecible, sino de un proceso de ramificación, adaptación y crecimiento. El orden, en este caso, no se percibe como una jerarquía rígida, sino como una red de relaciones dinámicas entre las partes. El dibujo no explica el edificio a través de simetrías o límites claros, sino mediante la acumulación y superposición de elementos que responden a una lógica interna más compleja. Así, el orden en Gehry se manifiesta como algo emergente y frágil, más cercano a un proceso que a una tipología.
Planta del Museo Guggenheim de Bilbao, España, por Frank Gehry (1997)
El análisis del Cursal de Moneo y del Guggenheim de Gehry demuestra que el orden arquitectónico no es una condición única ni universal, sino una construcción conceptual que depende de cómo se organizan, representan y perciben los espacios. Mientras Moneo plantea un orden basado en la contención, la jerarquía y la claridad tipológica, Gehry propone un orden evolutivo, abierto y difícil de delimitar. Los dibujos, entendidos como sistemas notacionales, son fundamentales para revelar estas diferencias, ya que no solo muestran el espacio, sino que explican la lógica que lo genera. De este modo, el orden en la arquitectura se revela como una condición frágil y mutable, cuya comprensión depende tanto de la forma construida como de las herramientas gráficas que utilizamos para interpretarla.
A continuación, se muestran diagramas de cómo Moneo y Gehry -en el Cursal y el Guggenheim de Bilbao, respectivamente- fueron de una primera abstracción, a una definición programática, culminando en un orden, sea legible o especulativo.
Abstracciones que parten de figuras platónicas en la planta del Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal en San Sebastián, España, diseñado por Rafael Moneo (1999)
Orden legible en la planta del Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal en San Sebastián, España, diseñado por Rafael Moneo (1999)
Abstracciones que parten de figuras orgánicas en la planta del Museo Guggenheim de Bilbao, España, por Frank Gehry (1997)
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Orden especulado que surge de la expansión aleatoria en la planta del Museo Guggenheim de Bilbao, España, por Frank Gehry (1997)
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